Pese a que el matrimonio gay es legal en nueve territorios de Estados Unidos y su capital, las parejas casadas legalmente en dichas jurisdicciones no son reconocidas por el gobierno federal y por tanto carecen de derechos de inmigración.
Esto representa un grave problema para parejas binacionales integradas por un cónyuge estadounidense y otro extranjero. A menudo estas parejas enfrentan obstáculos difíciles de superar para permanecer juntos y vivir una vida plena sin temor a la deportación.
Yohandel Ruiz y Daniel Zavala son un ejemplo de cómo las parejas gay hacen todo lo posible por enfrentar las leyes migratorias en busca de igualdad de derechos. Yohandel, que es ciudadano, envió a Inmigración una petición para obtener un visado que el gobierno otorga a los novios y prometidos de ciudadanos heterosexuales.
"Ambos de ustedes son hombres”, respondió el Servicio de Inmigración y Ciudadanía en una misiva. “La Sección 3 de la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA) establece que para propósitos de elegibilidad de beneficios federales, ‘matrimonio’ significa solamente la unión legal entre un hombre y una mujer como marido y esposa, y la palabra ‘cónyuge’ se refiere ‘sólo a una persona del sexo opuesto que es esposo o esposa’. […] Su cónyuge no es una persona del sexo opuesto. Por lo tanto, bajo DOMA, su solicitud debe ser negada”.
Yohandel y Daniel relataron su historia de amor en una entrevista. A continuación, el resto de su historia.
- ¿Cuándo decidieron casarse? ¿Cómo fue el matrimonio?
Un 1ro de enero en la mañana, Daniel me sorprendió con un anillo de compromiso y la promesa de compartir nuestras vidas juntos. Fue un momento muy emotivo pues a la vez que nuestro compromiso era cada vez más fuerte, la incertidumbre de saber cómo estar legalmente juntos como pareja aumentaba también.
Empezamos a preparar nuestro matrimonio y pedimos a nuestras familias su apoyo. Aunque al principio esta idea les sorprendió, poco después comprendieron la importancia de nuestra unión y lo que para nosotros significa estar casados.
Viviendo en Florida, un estado cuya Constitución prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo, tuvimos que ir a otro estado para casarnos. Optamos por Washington DC ya que ahí es donde se promulgan las leyes y reside el gobierno federal de nuestro país y el poder de cambiar las leyes también. Nos casamos el 1ro de mayo de 2011, tuvimos una hermosa ceremonia civil frente al Capitolio; el clima ese día fue perfecto y aunque muchos amigos y familiares no pudieron acompañarnos porque implicaba viajar con poca anticipación, disfrutamos el viaje y contamos con la bendición y el apoyo de nuestras familias.
- ¿Describan los esfuerzos que han hecho para conseguir que el gobierno reconozca su enlace matrimonial?
Al poco tiempo después de casarnos, comenzamos a darnos cuenta de las consecuencias de la ley DOMA. El abuelito de Daniel falleció y si él hubiera salido de Estados Unidos para acompañar a su familia, no hubiera podido regresar a Miami pues su visa de turista había expirado. Tiempo después, a su mamá le diagnostican cáncer de seno y Daniel tuvo que enfrentar el dilema de elegir entre su familia y su pareja. La ley DOMA hace que el gobierno federal no reconozca nuestro matrimonio y por lo tanto mi petición de una visa para Daniel fue rechazada por el Servicio de Inmigración y Ciudadanía. Esta ley no sólo afecta el área de inmigración, sino también de impuestos, seguro médico, seguridad social, herencias y muchos otros derechos.
Decidimos casarnos y compartir nuestra historia porque la ley no me está tratando a mí ni a mi familia con igualdad y no podemos esperar sentados a que las cosas cambien por sí solas. Como ciudadano de Estados Unidos no debo ser forzado a salir de mi país para que otro gobierno haga válido nuestro matrimonio.
Gracias a la organización The DOMA Project y a su campaña para detener deportaciones, separaciones y exilio de parejas de la comunidad LGBT, nos hemos unido a las miles de parejas en nuestra situación para exigir ser tratados con igualdad por el gobierno federal. Pedimos que nuestro amor sea respetado y honrado, así como lo hacen nuestros amigos, familiares y nosotros mismos.
