Cuando estás encerrado en el clóset no puedes compartir con las demás personas tu identidad, que es básicamente quien eres. En otras palabras, no eres ser tú mismo. Te ves forzado a erigir una fachada y crear una red de mentiras para mantenerla en pie todo el tiempo. Mentir es un mecanismo de defensa que funciona al principio pero con el tiempo cansa y puede conducir a la depresión. Al esconderte, el mensaje que te das a ti mismo subconscientemente es que no eres suficientemente valioso y eso, a su vez, suele afectar la autoestima. Un problema es que de tanto mentir, comienzas a creerte tus propias mentiras, y entonces no puedes vivir plenamente. Ser falso es una carga muy pesada. Una vez que sales del clóset puedes ser tú mismo y la gente que realmente te quiere termina apoyándote.
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