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Religión y homosexualidad

Dos tribus se juntan en un ‘campamento de verano’ para judíos gay

De

Religión y homosexualidad

Zachary (izq.) y Mike, dos judíos gay que conjugan su religión y orientación sexual sin conflictos.

Daniel Shoer Roth / About en Español
Las personas gay que profesan una religión hoy por fortuna encuentran organizaciones respaldadas por movimientos más progresistas de sus iglesias que les permiten conjugar sus creencias y su orientación sexual. La religión y la homosexualidad dejaron de ser equipos enemigos.

Dentro del judaísmo, madre del cristianismo, dos denominaciones aceptan gays y permiten que sean ordenados como rabinos: el movimiento reformista y conservador. Gracias a esto, judíos gay somos bienvenidos en numerosas sinagogas en Estados Unidos y no tenemos que esconder nuestra orientación sexual para practicar las tradiciones ancestrales junto a la comunidad.

Lamentablemente, muchos en el colectivo LGBT se distancian de la religión natal por el rechazo que sufrieron por culpa de las instituciones religiosas oficiales. Pero en la adultez, desean reconciliarse para su propio crecimiento espiritual. Esto ayuda en el proceso de autoaceptación y contribuye a la paz interior.

La idea del campamento

Una de las organizaciones que se esmera por facilitar a judíos gay un ambiente seguro para celebrar las dos facetas de la identidad -- religión y orientación sexual o identidad de género -- es Nehirim, con sede en Nueva York. Su nombre significa “luces o velas” en hebreo, y se concentra en organizar retiros con programación espiritual, cultural y recreativa.

Uno de los retiros es un innovador campamento de verano para hombres. Se trata de una parodia del campamento de verano al que hubiéramos soñado asistir cuando éramos niños ya que, por lo general, fuimos enviados a campamentos para varones donde fuimos víctimas de hostigamiento y blanco de burlas por exhibir rasgos afeminados y por nuestra sensibilidad.

En mi caso, a los 14 años mis padres me enviaron a un campamento deportivo para varones en Estados Unidos cuando yo vivía en Venezuela. Fue un infierno. Contaba los días y las horas para que terminara esa pesadilla, por eso la enfermería se convirtió en mi refugio. Era el único lugar donde me sentía seguro. Como tenía miedo no dije nada. A esa edad, uno no sabe cómo defenderse. Excusas no faltaban a los otros niños para mofarse de mí. Era afeminado, casi no hablaba inglés y pésimo deportista, así que quedaba rezagado en todo menos natación.

Factor unificador

Muchos de los asistentes al campamento de Nehirim acarreábamos ese dolor y memorias muy amargas de la niñez y adolescencia. Pero este campamento era diferente. Estábamos en familia, pues todos éramos gay. Nehirim tiene normas estrictas que prohíben la discriminación por identidad de género (dentro de la comunidad LGBT a menudo se discrimina a las personas transgénero). Por eso también había entre nosotros hombres transgénero que se sintieron aceptados.

Aunque desde afuera cualquier persona pensaría que como somos judíos gay todos somos iguales, las diferencias entre nosotros suelen ser muy marcadas. Hay participantes para quienes el retiro representa su primera experiencia en el ambiente gay. Para otros, es su primer contacto con el judaísmo en la adultez. Hay judíos laicos que no practican la religión, así como judíos observantes e incluso ortodoxos modernos.

A pesar de las diferencias, el ambiente fue armónico y no había gente presumida como en otros retiros. El evento de cinco días se llevó a cabo en Easton Mountain, un centro de retiro al norte de Nueva York para promover la vida espiritual gay. Las edades eran variadas. Desde jóvenes de 22 años hasta jubilados. Eso sí, varios cincuentones y sesentones no aparentaban su edad ¡Los hombres gay definitivamente que guardan el secreto de la juventud!

¿Clases de ‘judeomasaje’? ¿Un judeo go-go dancer?

Para preservar el ambiente de campamento de verano, hicimos caminatas por la naturaleza y nos lanzamos al río flotando en balsas con forma de ruedas, dejándonos llevar por la corriente. Maravillosas escenas para la meditación.

Pero lo más singular fueron las actividades que no se verían en ningún otro campamento. Un rabino gay nos enseñó una clase de “judeomasaje” que se da y se toma desnudo. Se trata de un masaje no erótico combinado con las bendiciones matutinas que aparecen en el Sidur, el libro de plegarias del judaísmo, como agradecimiento a Dios.

Hubo charlas sobre temas de interés para los judíos gay que no queremos separar nuestra identidad religiosa de nuestra identidad sexual. Y para liberarnos de las limitaciones que uno mismo se impone, un atractivo go-go dancer judío nos motivó a exhibir, al menos por unos minutos, una faceta más sexy de nosotros mismos, que en otro entorno nos daría vergüenza mostrar.

Una lección universal

Ser una persona gay no significa que uno debe limitarse a la sociedad gay, ni tampoco que nuestras vidas giran alrededor del aspecto sexual de nuestra identidad.

Así como integramos la tribu gay, también pertenecemos a otras tribus: la que reúne a nuestros correligionarios – ya sean cristianos, judíos, musulmanes, budistas, etcétera – y la de nuestros compatriotas, entre muchas otras.

Las personas LGBT no tenemos que abandonar ni alejarnos de nuestras creencias debido a nuestra orientación sexual o identidad de género. Digan lo que digan los extremistas, la religión y la homosexualidad son perfectamente compatibles. El campamento de Nehirim sirve como ejemplo.

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